En estos últimos días y con una dosis de tristeza he recibido ya sean por familiares, amigos, compañeros de trabajo o los medios de comunicación las noticias concernientes a accidentes de tránsito los mismos que tras el peritaje policial se ha podido constatar de que son por diversos motivos tales como: consumo de alcohol, carreteras mojadas por las constantes lluvias sumadas al exceso de velocidad, cansancio de los choferes, fallas mecánicas o imprudencia que los ha llevado en muchos casos hasta la muerte.
En este artículo no quiero centrarme en las causas ni mucho menos en las consecuencias que trae consigo los accidentes de tránsito sino más bien por el contrario quisiera llamar a una reflexión a todas las personas acerca de lo vulnerable que podemos ser frente al choque, la volcadura de un carro, atropello, en general ante un accidente o ante los diversos sucesos de la vida.
El día a día de la gran mayoría de las personas puede resultar siendo una odisea entre el trabajo, responsabilidades familiares, responsabilidades personales, estamos de aquí para allá con una dosis de locura y cordura que nos lleva en ocasiones a nosotros mismos como pasajeros apresurados de pedir más velocidad sin tener en consideración el peligro y el riesgo que podamos estar corriendo.
Lo que pretendo plasmar en estas líneas es lo vulnerable que somos los seres humanos ya sea ante accidentes de tránsito o diversos sucesos de la vida diaria, es tanto así que en cuestión de segundos puede cambiar tu vida, tus anhelos, tu futuro y hasta inclusive dejar de disfrutar de las cosas maravillosas que podamos tener, por eso creo que todas las personas deberíamos de dar gracias a Dios y de disfrutar de cada momento que tenemos porque no sabemos en qué momento se puede acabar esa dicha de estar con vida y de tener cerca a los seres mas queridos.


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